Esta mañana me he emocionado un poquito, ya a las 6 y 20 de la mañana. Estaba con mi
tostada de aceite y el imprescindible café cuando en las noticias de las 6 contaban
que había llegado a pasar el verano en Valencia, unos niños, victimas del accidente
de Chernobil. Eran pequeños, nacidos mucho después de aquel día de (creo) 1986. Sus
madres sufrieron la radiacion y todos ellos la siguen sufriendo todos los días.
El caso es que en mi casa ya tuvimos a Serguey. Hace unos 11 o 12 años, ya no
recuerdo bien, y estuvo con nosotros durante casi dos meses. Sería imposible contar
en una entrada todas las anecdotas de aquellos días. Mi hermano y yo aprendimos que
no todo el mundo ha visto el mar, que una piña o un platano pueden ser articulos de
lujo, cuanto se puede sufrir por haber perdido unos imanes de frigorifico o alucinar
en un centro comercial.
Momentos estelares, y supongo que mi familia estará deacuerdo, el momento en el que
le regalamos la cámara de fotos y el primer día cuando descubrimos que no traia
equipaje, que solo eran regalos para nosotros.
Que lloro otra vez... como estoy, por Dios... que sensibilidad!
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