A ras del suelo, Manhattan siempre me ha parecido una montaña rusa de alcantarillas humeantes, brebajes de cafeína y tropezones en hora punta, supervivientes de tiempos mejores, cantantes de gospel superlativas, top models rotas, equilibristas del porno, del Dow Jones, de las compras y el whisky...
Y todos bailan un vals tan caótico, un desorden tan delicioso, que dan cuerda sin saberlo a la ciudad más jodidamente increíble del mundo.
Y luego está, alimentado por décadas y más décadas de metraje en siete milímetros, el cara a cara con la mitología. Como cuando el azar me llevó al edificio donde vivió James Dean. Cerré los ojos y allí estaba él, follando con algún actorzuelo muerto de hambre y apagando los cigarrillos sobre su piel. O cuando escucho, a orillas de Central Park, el disparo que mató a John Lennon y encumbró su leyenda. O siento el espíritu de Marilyn, todo carmín, sujetando su vestido ante las embestidas del aire subterráneo.
Reventarán las Torres Gemelas, pero siempre quedará un perdedor vomitando versos de tango en las tripas del metro; fundirán el neón de Times Square, pero lejos, o no tanto, algún rapero visionario recordará la leyenda del Bronx; subirá la marea, bajará el dólar, ganarán los republicanos... pero la Gran Manzana siempre estará ahí. Tan alta, tan grácil y rápida, tan sucia y tan limpia, tan cerca, tan lejos, tan gris, tan roja, tan negra... y tan llena de tanto.
No sé cuando volveré, pero sea cuando sea, ya queda menos...
Saludos!
No hay comentarios:
Publicar un comentario