Ella bajó del taxi amarillo que cada día la llevaba de vuelta a casa. Al contrario que la mayoría de las personas que vivían en esa ciudad, ella no había dejado de admirar aquellas maravillas de hormigon que daban sombra a las calles de Nueva York durante todo el día. Había elegido aquel apartamento del Mid-town, a sólo una manzana del hotel en el que se alojó la primera noche que durmió en Manhanttan varios años atrás. Su sueño había sido algún loft en el Soho, más cerca del village y Washintong Square que de la pintoresca Mulberry Street, arteria principal de Little Italy. Y sin embargo, había algo en los neones de Times Square, y había que admitirlo, en las pizzas de Serafina y aquella New York cheese cake sin igual, que la habían llevado hasta ese rincon de Brodway.
Ahora, disfrutaba cada día de la comida recién traída del mercado de Gran Central Station, en bandejas que bien podían ser una obra de arte del MOMA. Y cada día, pensaba que ella hubiera preferido un hot dog de Central Park, como aquellos de un torrido día de agosto del 2007, entre las vistas del skyline desde la terraza del Metropolitan y la triste nostalgia del monumento al ex-beatle en Strawberry fields. Ahora sabía que sólo los turistas tienen tiempo para disfrurtar de un paseo al puente de Brooklyn y sólo encontraba muy de vez en cuando el tiempo suficiente para leer un libro en frente de la estatua de la libertad, sintiendose extrañamente protegida por los rascacielos del barrio financiero.
Pagó el taxi y se dirigió al apartamento. Unos pasos la seguían de cerca y se lamentó de aquella oscuridad en la que se sumía esa zona de la ciudad al caer la noche. Miró hacía atrás y una columna de vapor de agua no la dejó ver la extraña silueta. Dejó caer nerviosa las llaves... Miró hacía atrás y dijo: Jack?... Jack, eres tu???
(Idea original: Rafa Ruiz Morales, Agosto de 2007, 54th St.)
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